Filosofía aplicada a la experiencia deportiva
Pensar con el cuerpo: filosofía, juego y deporte.
Por Camila Gómez
Mariano González Leoni, Licenciado en Filosofía, investigador y jugador de hockey sobre hielo, analiza los aportes de la filosofía para comprender el deporte. El filósofo reflexiona sobre la relación entre mente y cuerpo, la presión, el fracaso, la competencia y el riesgo de convertir el rendimiento en una obsesión.
El juego expone decisiones, reacciones, frustraciones y deseos en cuestión de segundos. El deportista no siempre dispone de tiempo para construir una respuesta y debe actuar frente a compañeros, rivales y resultados inmediatos. Mariano González Leoni, Licenciado en Filosofía y deportista de alto rendimiento encuentra en esa espontaneidad una de las razones por las cuales la filosofía puede observar el deporte como una manifestación privilegiada de la condición humana.
El juego expone decisiones, reacciones, frustraciones y deseos en cuestión de segundos. El deportista no siempre dispone de tiempo para construir una respuesta y debe actuar frente a compañeros, rivales y resultados inmediatos. Mariano González Leoni, Licenciado en Filosofía y deportista de alto rendimiento encuentra en esa espontaneidad una de las razones por las cuales la filosofía puede observar el deporte como una manifestación privilegiada de la condición humana.
“La filosofía estudia el deporte porque a través del deporte puede entender mejor a la persona”, sostiene González Leoni. El filósofo considera que la actividad deportiva ofrece un ámbito particularmente rico para estudiar al ser humano porque las acciones ocurren en vivo y exigen respuestas inmediatas.
La relación entre cuerpo y pensamiento ocupa un lugar central dentro de esa mirada. Algunas tradiciones filosóficas establecieron una separación entre ambas dimensiones, pero González Leoni destaca que las perspectivas contemporáneas tienden a comprenderlas como una unidad. La cognición corpórea o embodiment plantea que la mente no funciona de manera independiente del cuerpo y que la experiencia corporal participa en la construcción del pensamiento.
Por otro lado, el deporte también puede revelar determinados rasgos personales. González Leoni reconoce una parte de verdad en la idea de como se es en el juego, se es en la vida. El filósofo sostiene que la inmediatez de una competencia deja menos espacio para la actuación y permite observar conductas que pueden aparecer también fuera de la cancha. Sin embargo, la relación funciona en ambas direcciones: las experiencias influyen en el juego y los aprendizajes deportivos pueden trasladarse posteriormente a la rutina diaria.
La presión introduce uno de los mayores desafíos. El deportista puede entrenar durante meses o años para una competencia y asociar el valor de todo ese esfuerzo con el resultado de un único partido. González Leoni señala que esa experiencia puede resultar devastadora, pero también profundamente gratificante.
La filosofía puede ofrecer algunas herramientas frente a esa tensión. González Leoni encuentra un ejemplo en el estoicismo, que diferencia aquello que depende de la propia acción de lo que escapa al control individual. El deportista puede preparar su cuerpo, entrenar y llegar en las mejores condiciones posibles, pero no puede controlar completamente la capacidad del rival, una decisión arbitral o un episodio de mala suerte.
“Hago todo lo que está en mi poder para que después pase lo que pase”, resume González Leoni. Desde esta perspectiva, el esfuerzo previo conserva su valor incluso frente a una derrota. El resultado deja entonces de funcionar como la única medida para evaluar una experiencia deportiva.
De este modo, el deporte puede convertirse además en una instancia de formación personal. La preparación, la búsqueda de objetivos, la convivencia con el éxito y el fracaso y la interacción con otras personas ofrecen aprendizajes que pueden trasladarse a otros ámbitos. Los equipos también permiten desarrollar valores vinculados con la relación entre compañeros, adversarios y autoridades.
Sin embargo, la competencia no produce esos aprendizajes de manera automática. González Leoni advierte que el deporte también puede conducir hacia una búsqueda desmedida del resultado. La necesidad de ganar puede desplazar otros valores cuando el rendimiento se convierte en una obsesión.
El filósofo relaciona ese problema con algunos rasgos de la sociedad argentina. El exitismo puede transformar cada derrota en un fracaso absoluto y cada victoria en una exigencia permanente. González Leoni propone recuperar la competencia como una forma de autosuperación y reconocer el progreso que existe incluso cuando el resultado final no acompaña.
La filosofía introduce así una pregunta que trasciende el marcador. El deporte puede enseñar a ganar, pero también puede enseñar a perder, prepararse, insistir y reconocer los límites del propio control. El desafío consiste en impedir que la búsqueda del resultado elimine aquello que le da sentido al juego.

