Aprendizaje y transformación personal
Aprender también es cambiar: la mirada de la Programación Neurolingüística

Por Camila Gomez
La Programación Neurolingüística propone una mirada del aprendizaje que supera la incorporación de conocimientos. Ana Kenny, profesora e investigadora de la Universidad del Salvador, máster y trainer en PNL y coach transformacional, explica cómo la curiosidad, la práctica y el cambio de creencias pueden transformar la manera de interpretar la experiencia.
Aprender a manejar, tocar un instrumento o hablar otro idioma requiere práctica. Al principio, cada movimiento demanda atención. Después de repetirlo muchas veces, algunas acciones se vuelven automáticas. La Programación Neurolingüística (PNL) utiliza ese recorrido para pensar el aprendizaje, pero también plantea una pregunta más profunda: ¿una persona puede aprender a mirar de otra manera aquello que vive?
La PNL entiende el aprendizaje como un proceso que puede modificar las acciones y las interpretaciones de una persona. Desde este enfoque, cada individuo construye una representación de la realidad a partir de sus sentidos, sus creencias, sus valores y su historia personal. El aprendizaje permite revisar esa representación y ampliar las posibilidades de respuesta.
“El aprendizaje en sí es relevante, hace a la condición humana. No podemos movernos ni crecer sin aprender”,
explica Ana Kenny, profesora e investigadora de la Universidad del Salvador, máster y trainer en PNL y coach
transformaciona.
El proceso atraviesa diferentes etapas. En un primer momento aparece la incompetencia inconsciente: la persona
no sabe algo y tampoco reconoce todavía ese desconocimiento. Luego surge la incompetencia consciente,
cuando logra identificar aquello que necesita aprender.
La práctica conduce a la competencia consciente. La persona ya puede realizar una acción, aunque todavía
necesita prestar atención. La repetición, el error y la corrección permiten consolidar ese aprendizaje. Finalmente,
la competencia inconsciente aparece cuando la habilidad se naturaliza y se convierte en un hábito.
El ejemplo de conducir un automóvil permite observar ese recorrido. El principiante piensa en los pedales, los
cambios, los espejos y las señales. El conductor experimentado realiza muchas de esas acciones de manera
automática. Aquello que alguna vez exigió concentración pasó a formar parte de su comportamiento cotidiano.
Sin embargo, el aprendizaje transformacional busca ir más allá de la adquisición de una habilidad. Kenny sostiene
que su particularidad reside en el cambio de creencias y en la posibilidad de tomar conciencia de algo que antes
permanecía invisible.
La PNL diferencia entonces dos niveles de cambio. El cambio de primer orden modifica una acción concreta. Una
persona puede decidir, por ejemplo, hablar más bajo. El cambio de segundo orden revisa la interpretación que
sostiene esa conducta. Esa misma persona puede descubrir que eleva la voz porque cree que necesita imponerse
para ser escuchada.
En ese proceso, la curiosidad ocupa un lugar central. “Si yo no sé que algo existe, no puedo querer conocerlo,
saberlo o dominarlo”, señala Kenny. La especialista considera que las preguntas permiten abandonar los relatos
cerrados y abrir nuevas posibilidades de aprendizaje.
Hacerse preguntas permite volver visible aquello que antes permanecía fuera de la conciencia. Una conducta
automática puede ser observada, revisada y reaprendida. Desde esta perspectiva, aquello que una persona
aprendió a hacer también puede transformarse.
La PNL coloca así al aprendizaje en un proceso permanente de práctica y cambio. Aprender no implica
solamente saber algo nuevo. También puede significar descubrir una creencia, cuestionar una respuesta habitual
y encontrar otra manera de observar la realidad.

