Se agrava el ausentismo estudiantil

El 51% de los estudiantes faltan al menos 15 días por año.

Los datos surgen del informe “Ausentismo: ¿qué sabemos acerca de cuánto faltan los estudiantes de secundaria?”, elaborado por Argentinos por la Educación, con autoría de Bruno Videla (docente de nivel secundario), Martín Nistal y Eugenia Orlicki (Argentinos por la Educación). El documento analiza la magnitud y la evolución del ausentismo estudiantil en el nivel secundario a partir de los cuestionarios complementarios de los últimos datos disponibles de las pruebas Aprender (2024) y PISA (2022), que relevaron la percepción de estudiantes y directores sobre el problema.

Según los datos del operativo Aprender 2024, el 51% de los alumnos del último año de secundaria declara haber acumulado 15 o más inasistencias hasta octubre: en 2022, el porcentaje era 44%.

El informe muestra que el ausentismo no afecta de manera uniforme, sino que tiende a concentrarse en un grupo de estudiantes con niveles más altos de inasistencia. Entre 2022 y 2024 creció la proporción de alumnos con más de 20 faltas (del 26% al 30%) y también la de quienes acumulan entre 15 y 19 (del 18% al 21%). En cambio, se redujo el grupo “intermedio” de alumnos que suman entre 5 y 14 inasistencias (del 41% al 34%): el dato sugiere que muchos de ellos pasaron a tener un patrón de ausentismo más severo. En paralelo, los segmentos de menor ausentismo (estudiantes con ninguna falta o con menos de 5) se mantuvieron estables entre 2022 y 2024. Los autores señalan una “polarización” en la asistencia: se mantiene estable el grupo que falta poco, pero se amplía el de quienes faltan mucho.

Para los directores de escuela, el ausentismo es el principal obstáculo para el aprendizaje. En 2024, el 46% lo consideró un problema moderado o serio, por encima de otros factores como la impuntualidad de los estudiantes (45%), los bajos logros educativos (39%) o el ausentismo docente (37%).

La problemática no es exclusiva de la Argentina. Según datos de PISA 2022, el 47% de los directores argentinos considera que el ausentismo limita el aprendizaje, lo que ubica al país en el puesto 26 entre 81 sistemas educativos evaluados.

Las diferencias entre provincias son marcadas. Buenos Aires encabeza el ranking con un 66% de estudiantes que acumulan al menos 15 faltas, seguida por la Ciudad de Buenos Aires (59%), Tierra del Fuego (55%) y La Pampa (54%). En el otro extremo, Santiago del Estero (28%), San Juan (29%) y Jujuy (30%) presentan niveles más bajos de ausentismo, según lo informado por los estudiantes. ​

A pesar de la magnitud del fenómeno, el informe advierte que Argentina aún carece de un sistema consolidado de datos nominales abiertos sobre inasistencias escolares. La información disponible proviene en gran medida de los autorreportes de los propios estudiantes. Esto limita las posibilidades de monitorear el problema con mayor precisión y de diseñar políticas basadas en evidencia, afirman los autores.

En cuanto a las razones, el principal motivo de inasistencia son los problemas de salud, mencionados por el 62% de los estudiantes. El segundo factor más frecuente (señalado por el 39%) es “no tener ganas de ir a la escuela”, lo que abre un interrogante sobre el vínculo de los jóvenes con la institución escolar. También aparecen dificultades de acceso, problemas de puntualidad y razones familiares o laborales.

“El ausentismo es apenas la parte visible de una combinación de cuestiones tales como la pérdida de valoración social de la escuela, el quiebre en la alianza familias-escuelas y la flexibilización constante de los regímenes académicos. En este contexto, el ausentismo estudiantil aparece en la superficie como la punta del iceberg, dejando todas estas otras cuestiones –que en parte son sus causas– ocultas debajo”, afirma Bruno Videla, docente de nivel secundario y coautor del informe. “Declarar la obligatoriedad sin que nadie deba pagar un costo por incumplir dicha obligación trae como consecuencia que esta se transforme en una simple declaración de intenciones. En este marco, medidas tales como sumar días de clase al calendario escolar son como querer atrapar el aire con las manos”, sostiene Videla.

“El alto nivel de ausentismo estudiantil es un síntoma y no el problema en sí mismo”, considera Viviana Postay, especialista en gestión educativa y formadora de docentes. Y agrega: “El estudiante se aleja de la escuela –o concurre de forma intermitente– porque los bordes de lo institucional se han vuelto difusos. No están claros los límites de lo permitido, ni tampoco el sentido real del tránsito por el nivel medio. Esto se agrava en aulas ‘tomadas’ por graves dificultades de convivencia, donde el aprendizaje se vuelve una tarea heroica y donde siempre aparece una oportunidad más fácil que la anterior para obtener la acreditación. Este desdibujamiento del esfuerzo y del mérito nos obliga a revisar lo urgente: repensar el sentido de la escuela y el valor real de las certificaciones que otorgamos”.

“El informe permite leer el ausentismo como un indicador crítico de desajuste entre la oferta escolar y las condiciones de las trayectorias estudiantiles. Su crecimiento concentrado en ciertos grupos sugiere procesos de acumulación de desventajas y una desvinculación que la escuela no logra revertir. La asistencia regular (en articulación con la asistencia docente) es una condición indispensable para el aprendizaje”, explica Sandra Ziegler, investigadora de Flacso Argentina. Y añade: “La relevancia del ‘no tenía ganas de ir’ no es anecdótica, sino que expresa un problema de sentido que conecta con la experiencia escolar y evidencia que está en juego la capacidad del sistema para articular bienestar, sostener pertenencia y construir condiciones efectivas para aprender”.

“Resultan destacables dos aspectos que deberán ser profundizados. Por un lado, la incidencia –en el crecimiento del ausentismo– de los cambios en los regímenes académicos de la escuela secundaria y el impacto de los nuevos períodos de intensificación del aprendizaje. Por otro, observar cómo el ausentismo expresa elementos asociados con la segregación educativa: en el sector estatal, los principales motivos de ausentismo se encuentran en problemas en el acceso a las escuelas, de salud de algún familiar, trabajo, tareas de cuidado o la necesidad de brindar ayuda en el hogar. Ambos aspectos, sumados al compromiso de contar con más y mejores datos, podrían contribuir al diseño y planificación de políticas públicas”, señala Romina De Luca, investigadora del Conicet y docente.

“Es realmente alarmante que más de la mitad de los estudiantes de nivel secundario se ausente a la escuela al menos 15 días al año. Sin embargo, creo que el dato es un punto de partida. Es síntoma de un quiebre social que ha de abordarse de modo conjunto entre escuela, familias y Estado. No se trata solo de que el alumno ‘esté presente’ en el aula, sino de garantizarle el tiempo y las oportunidades necesarios para desarrollar aprendizajes significativos, algo que hoy se ve amenazado, ya que los directores consideran las faltas como el principal obstáculo para enseñar”, sostiene Mercedes Palavecino, profesora de Educación Primaria y de Filosofía.