«La Esperanza No Derrama»
¿Cuál es el cambio deseado por la sociedad?
Por Carlos Fara
Esta es una pregunta clave para el gobierno de cara a 2027. Con el paso del tiempo, la burbuja que rodea a la “Casta Rosada” tiende a confundir sus wishfful thinking con los de los ciudadanos a pie. Les ocurre a todos los mandatarios, no solo a éste. No por nada llevamos 3 elecciones presidenciales seguidas en donde lo que termina mandando es el cambio. Llega un momento en el cual se va asentando una grieta adicional: entre los dirigentes y la gente. O, como decía un chiste de Caloi al inicio de esta etapa democrática sobre la situación interna del peronismo, la división es “entre los diri y la gente”. En estos momentos el desfase no solo lo tiene el gobierno, sino también la principal oposición. Por eso los sentimientos negativos hacia la política, en general, y hacia el oficialismo, en particular, predominan. Es una comunidad a la cual le cuesta muchísimo entusiasmarse con algo. En ese marco navega el día a día.
Tomemos el último registro del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Di Tella, el cual marca una nueva baja en julio después de una recuperación en junio. Post elección de medio término, en 8 mediciones el ICG descendió en 7, y se encuentra en su nivel promedio más bajo de la era Milei. Perdió 21 % de su capital post elección. Un dato que debería preocupar especialmente al oficialismo es el profundo deterioro en los menores de 30 años: ahí hubo en julio un descenso del 23 %. Por otro lado, el ítem “eficiencia” tuvo una desmejora del 15 %, quizá como señal de que ya no se lo ve teniendo resultados relevantes para la sociedad. No hay estudio de opinión pública que no refleje deterioro o, al menos, una meseta en zona baja.
¿Por qué sucede esto? Porque la mayoría social está expectante sobre el empleo, la actividad económica y el poder adquisitivo. Las sensaciones predominantes son de angustia, tristeza e incertidumbre. En ese marco, las reformas estructurales -RIGI II, Banco Central, propiedad privada, reforma electoral, etc.- no tienen incidencia en la percepción de los mortales comunes. De modo que, así como se habla de una economía en dos velocidades, también hay una política en dos andariveles: la del gobierno impulsando agenda de cambio permanente y la oposición peleándose, por un lado, y la de la opinión pública insatisfecha en su día a día, por el otro. ¿Se abre así el espacio para un nuevo movimiento?
En ese marco de difícil conexión con la calle, la maquinaria comunicacional del mileísmo recurrió a una medida taquillera aprovechando la supuesta campaña anti Argentina post final, a través de un DNU. Más allá de que traerá cola judicial, es un golpe de efecto para marcar que tiene sensibilidad nacional, que no es un solo una administración que mira a las inversiones extranjeras, o que genera ruidos incrementando la posibilidad de venta de tierras a extranjeros. También, y por las dudas, se le ocurrió sumar a su diatriba contra Lula diciendo que el 25 % de aquella campaña difamatoria habría sido financiada desde el gobierno vecino. Imposible de comprobar. Están aplicando la vieja formula de Chacho Alvarez: “si no podemos darle pan, démosle presos”. En este caso sería “démosle polémicas, satisfacción simbólica, echémosle sal a las heridas nacionalistas”.
Como el viento viene complicado, el gobierno -en su épica refundacional- hace dos cosas: 1) intenta mostrar que el cambio sigue a toda marcha, y 2) quiere imponer la lógica de que el cambio es irreversible. Respecto a lo primero, se muestra hiperactivo, como aquellos jugadores que entran a la cancha y corren todas las pelotas. Como ya señalamos en otra columna, el “Congreso más reformista de la historia” sigue en mora: de 10 leyes por mes, en 5 meses solo entró una veintena y se aprobaron 5. Respecto a lo segundo, es lo que quiere impulsar con la reforma del Banco Central, pero además con muchos tratados de libre comercio de hecho, de modo de atarle las manos a las próximas gestiones. Como dice el colega Ignacio Labaqui, antes que nada, debería modificar la ley de DNU porque, así como está, mañana puede volver todo para atrás. Es decir, la seguridad jurídica “te la debo”. ¿Por eso el año pasado recibimos menos inversión extranjera directa que Costa Rica? (dato de la OCDE, organismo al que queremos entrar).
Otro de los intentos de cambios irreversibles de la administración libertaria se quiere dar en la justicia. ¿No era que no era importante cubrir las vacantes de la Corte Suprema? Pues, parece que no, porque ya hay candidatos en carpeta. Se van sumando ideas creativas: la Suprema fuera del Consejo de la Magistratura, reducir “Comodoro Lijo”, creación de más juzgados en el interior para poder entrar en el tan denostado “toma y daca”, etc. Como ya lo hizo el menemismo y el kirchnerismo, la nueva vanguardia esclarecida también quiere colonizar el Poder Judicial a su modo. Demás está decir que en el mediano y largo plazo fracasaron en el intento.
Para romper la rutina, esta semana reapareció el filósofo contemporáneo Aníbal Fernández en un gran reportaje en Perfil, quien además se mostró operando para Axel. El gobernador no tiene a su lado a alguien del hándicap del exfuncionario. Más allá del fichaje en sí, lo más interesante fue la creatividad argumental que utilizó para sacar a su nuevo líder político de la encerrona que plantea el slogan “Cristina Libre”: según él, la jefa está mal condenada, pero mientras eso no se resuelva por vía jurídica, lo más productivo es apoyar al candidato que más mide. Eso no va a morigerar la interna, pero algo es algo. Mientras, el gobernador Quintela citó a las partes en conflicto a su provincia para mostrar que “todos unidos triunfaremos”. Por las dudas, todos juntos desdoblaremos.
Para cerrar, San Juan, Catamarca y San Luis encabezan el ranking de morosos con bancos y fintech. Dos con boom minero, las tres con gobernadores dialoguistas y administradores ordenados. Sin embargo, la esperanza no derrama.

